MAN. Una visita con experiencia estética asegurada

  El “nuevo” decimonónico MAN

Introducción

manVisitar Madrid y no ir a conocer la reforma que en su día hicieran del MAN era algo que me pesaría en mi conciencia arqueológica de por vida. Así que tras un sábado de comida, merienda y cena con la familia, el domingo bien temprano me levanté para encaminarme hacia mi querido museo. Pasear por la Castellana a las 8:30 de la mañana sin prácticamente nadie ya adelantaba lo gratificante que sería mi visita.

Expectante entré en el “nuevo” museo y mi primera impresión fue lo que estos años de renovación pretendían; es decir, darle un lavado de cara al edificio y modernizarlo, adecuándolo a los nuevos tiempos. Sin embargo, desde el punto de vista museográfico todo esto se vino abajo conforme iba avanzando en la visita. Me dio la sensación que el mensaje que quieren hacer llegar al visitante es el de exponer el mayor número de piezas posible (eso si, piezas espectaculares) pero dejando a un lado los agentes creadores y la contextualización de las mismas. Es decir, la Arqueologia y la Historia como tal no tienen cabida en un museo arqueológico como el MAN ¿curioso, no?.

Pero no todo iba a ser negativo, este “despiste museológico” no se da en las salas de Prehistoria y Protohistoria. ¿Qué decir de ellas? ¡¡¡Que son maravillosas!!!. Han sabido recrear y contextualizar no solo las piezas y reproducciones expuestas, sino que el visitante profano en la material puede hacer un recorrido entendiendo estos momentos históricos. Destacan piezas tan impactantes como bastones de mando, puntas de flechas, bifaces y raederas de distintos yacimientos prehistóricos de España, entre ellos algunos tan importantes como el de Carigüela del Piñar, en Granada o el de Atapuerca, en Burgos.

Emoción desbordante

Las salas dedicadas a la Protohistoria de la Península Ibérica son brutales, abarcando cronológicamente, desde la Edad de Hierro hasta la Romanización (I milenio a. C.) y étnicamente, a fenicios y púnicos, celtas, vacceos, íberos, etc. En ellas se exponen conjuntos tan interesantes como los tesoros de Aliseda, del Carambolo o los exvotos de Despeñaperros, junto a ellos, se yergue altiva la Dama de Elche, que junto con la Dama de Baza y los relieves del Monumento de Pozo Moro o la auletris de Osuna se convierten en un excelente ejemplo del significado del arte íbero.

No se si es que iba predispuesta emocionalmente, o tuve una fuerte experiencia estética -a los que les apasione el Arte me entenderán-, que  de  la simple emoción y piel de gallina de la zona de prehistoria pasé a un llorar como una niña cuando vi los candelabros de Lebrija, la Dama de Ibiza o la leona de Baena. Si, si, llorar a moco tendido, tanto es así, que uno de los vigilantes se me acercó para preguntarme si me encontraba bien. Pobrecillo, no pude ni contestarle, solo le miré y le dije: si, soy feliz! Claro, le dijo que era feliz una loca que parecía un oso panda porque tenía los ojos negros del rímel (¡para un día que me maquillo!).

A continuación, Veni. Vidi. Vici. Mi amada Roma y su grandiosidad, quedaban reflejadas en una excelente colección de objetos de la vida cotidiana, política o funeraria (tablas jurídicas, vajillas de terra sigillata y vidrio, pedestales, terracotas como el gladiador de Córdoba, el reloj de sol de Baelo Claudia o la recreación de un columbario), que junto con piezas monumentales como la maravillosa escultura de Livia, hicieron que mi emoción siguiera a flor de piel.

Un poco de Crítica

A partir de aquí, todo fue como ya he dicho con anterioridad, una valiosísima exposición de piezas de Medina Azahara (capiteles de avispero, el cervatillo, relieves de marmol), coronas de reyes visigodos, capiteles románicos, pinturas góticas, etc. pero sin contextualizar. Una lástima porque desde mi formación como historiadora del arte y arqueóloga, no tenía problema para comprender e interpretar todas las piezas expuestas, pero había visitantes que iban y venían de un lado a otro sin saber en qué se diferenciaba el arte mudéjar del islámico.

Mi visita de las últimas salas, por cuestiones de horario, fue bastante rápida y se centró en un paseo por el museo hacia la salida. Una pena, aunque como dice el refrán no hay mal que por bien no venga, y se queda pendiente para mi próximo viaje a  Madrid.

Conclusión

En resumen, obviando el tema museológico ya comentado, me parece que el MAN es un museo que hay que visitar y disfrutar si o si, razones no le faltan: desde las piezas arqueológicas expuestas, hasta su biblioteca de la cuarta planta, especializada en arqueología pasando por su agradable cafetería o su aplicación móvil gratuita que nos guía por su interior, incluso para aquellos que miren el bolsillo, su entrada a 3 euros y gratuita los domingos lo pone todo más fácil.

¿Recomendable? al 100%, pero teniendo en cuenta que nos embarcaremos en un viaje a la arqueología decimonónica maquillada de futuro.

Esther Moreno

Twitter@LuciaEsthermr  

Interpretando®|#TheMonumentGirl

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