Blasones de una Catedral

Huellas de la reforma

Por Silvia Panadero 

Según dice Alberto Villar hay catedrales que se deben a sus cabildos (como la de Sevilla) y otras que se deben a sus obispos, como la de Córdoba.

El trabajo que presentamos a continuación trata de rastrear y confirmar la intervención de los obispos de la ciudad de Córdoba en la construcción de la nueva catedral entre 1523 y 1607 a través de los blasones de estos obispos que aparecen en distintos puntos del edificio religioso en cuestión.

Para ello hemos dividido el trabajo en tres partes; en la primera realizamos una contextualización histórica en la que, muy sucintamente, nos referimos a la antigua catedral y a la construcción de una nueva capilla mayor para, en la segunda parte, comprobar la intervención de los obispos en su construcción, observando los escudos episcopales que aparecen plasmados en el crucero y coro nuevos. Al comienzo de esta segunda parte incluimos un listado de quienes ocuparon la sede episcopal en el período que nos interesa y un plano de la Mezquita-Catedral en el que señalamos la ubicación de los escudos episcopales que recogemos.

La última parte es la dedicada a las conclusiones.

La antigua Catedral y la construcción de la nueva Capilla Mayor.

En el siglo XIII el imperio beréber de los almohades está desgastado y en decadencia. Es este momento el que aprovecha el monarca Fernando III El Santo para fijar como objetivo principal la conquista de Córdoba, ciudad que le dará acceso a todo el Valle del Guadalquivir.

En 29 de junio de 1236 el príncipe cordobés Abu-l-Hasan entregó la ciudad a los cristianos. El rey cristiano determinó que aquella tarde se realizara la consagración de la Mezquita en Catedral bajo la advocación de la Asunción de la Virgen, denominándose el nuevo templo Santa María la Mayor.

A pesar de la utilización cristiana del edificio la belleza del antiguo templo musulmán seguía predominando puesto que desde la conquista del lugar se mantuvo el criterio de no realizar obra alguna que modificara sustancialmente su estructura ni su decoración.

Durante los siglos XIII y XIV se mantuvo ese criterio aunque se realizaron algunas obras que modificaron la antigua Mezquita, como son los casos de la Capilla de Villaviciosa en el pabellón de acceso a la ampliación de Al-Hakam II, la Capilla de San Pedro en el vestíbulo del mihrab y la Capilla de San Fernando o Capilla Real entre otras.

En el último cuarto del siglo XV se realizaron reformas importantes a pesar de la negativa inicial de la reina Isabel la Católica. En esta ocasión se amplió la Capilla Mayor o de Villaviciosa y se reformaron las galerías del patio y algunas puertas.

Las reformas de la Catedral en el siglo XVI fueron las más importantes y se realizaron en tres fases; la primera entre 1505 y 1514 afectando al exterior del edificio, la segunda entre 1514 y 1523 afectando al ángulo sudeste del interior del monumento, y la tercera entre 1523 y 1607 concentrándose en la obra del crucero con la capilla mayor y coro nuevos. Esta última fase es la que nos interesa.

La tercera fase reformadora se gestó a iniciativa del obispo Alonso Manrique de Lara, que no encontraba coherente con el desarrollo de la vida pastoral de su diócesis cordobesa que los cumplimientos litúrgicos se llevaran a término en un templo con la capilla mayor y el coro desplazados del centro del edificio.

En estos momentos en otros puntos de España se habían destruido las mezquitas aljamas para construir catedrales góticas, hechos que estaban muy presentes para los religiosos cordobeses y, sobre todo, para el obispo.

Alonso Manrique estaba totalmente convencido de la necesidad de realizar una obra de identificación cristiana en la antigua Mezquita para resaltar la misión apostólica que cumplía el edificio, pero, además, la obra tenía que ser “de tal envergadura que se sobrepusiera en arquitectura a todo lo realizado en el templo con anterioridad”.1

En 1521 estaba todo preparado para el comienzo de las obras pero estas no empezaron hasta 1523 debido al litigio surgido por la oposición a tales obras por parte del Cabildo municipal y de los estamentos cordobeses. El enfrentamiento llegó a extremos en los que el Cabildo municipal condenaba a muerte a todo aquél que participara en las obras de modo alguno y el Cabildo catedralicio penaba con la excomunión a todo aquél que se opusiera a su voluntad de realizar las obras. El conflicto tuvo que ser mitigado y resuelto por el rey, Carlos I, quien no tenía interés alguno por la cuestión, y resolvió a favor del Cabildo catedralicio, según todo indica, debido a la relación personal que lo unía con el obispo Alonso Manrique.

Como ya mencionamos anteriormente, las obras comenzaron en septiembre de 1523 y en ellas intervinieron diversos maestros importantes como los Hernán Ruiz, Diego de Praves y Juan de Ochoa, quien concluyó la obra poco antes de morir, en 1606.

El plan de Hernán Ruiz trasladaba la capilla mayor al centro geométrico del edificio. Sobre las naves de Abd al-Rahman II y de Almanzor trazó un rectángulo que ocupaba once naves por once tramos de la antigua Mezquita. El edificio nuevo constaba de tres naves con crucero inscrito y precedido por una nave transversal a los pies y rematado por otra igual en la cabecera. Su mayor originalidad es que en las naves laterales los arcos de la mezquita fueron reconstruidos en grupos de tres para integrarlos en la obra gótica. La nave central se articula por arcos formeros, apuntados y enmarcados por un alfiz. La primera planta, hasta el nivel de las bóvedas de las naves laterales se sigue a buen ritmo durante el episcopado de fray Juan Álvarez de Toledo (1523-1537) reformándose también la Puerta de Las Palmas (principal del patio) donde lucen las armas del obispo.

Durante el episcopado de Leopoldo de Austria (1537-1540) la construcción recibe un nuevo impulso, completándose el segundo de los machones (donde está el escudo de este obispo) el alzado de la cabecera y los brazos del crucero. El siguiente obispo, Diego de Álaba y Esquivel (1558-1562) sufragó la bóveda de crucería del brazo norte y el Cabildo la del sur, pero la obra se resentiría y, ya con Cristóbal de Rojas y Sandoval (1562-1571) se resolvió realizar gruesos contrafuertes con sus arbotantes en las esquinas del crucero, pudiendo continuar así el tendido de las bóvedas. En 1568 Hernán Ruiz II cerró la bóveda de la cabecera.

Con la muerte de Hernán Ruiz y el traslado a Sevilla de Cristóbal de Rojas en 1571 las obras del crucero quedaron paralizadas durante unos treinta años. Hasta que llegó a la sede episcopal Francisco Reinoso y Baeza (1597-1601) no hubo un obispo interesado en concluir la obra abandonada. Reinoso decide continuar las obras pero no confía en Hernán Ruiz III y llama a Diego de Praves, maestro mayor de la Catedral de Valladolid. Este último aconsejó terminar la obra en ladrillo con bóveda oval sobre pechinas en el crucero y cañón con lunetas en el coro. La obra fue dirigida por Juan de Ochoa, maestro mayor de la ciudad, y la decoración en yeso se contrató con Francisco Gutiérrez Garrido, terminando estos trabajos en 1601.

Juan de Ochoa concluyó la obra pero murió antes de la inauguración. Con el muro de los pies del crucero (fachada del trascoro) concluye la construcción de la capilla mayor y coro nuevos. En el ático que va sobre el arco del trascoro están las armas del obispo Pablo de Laguna (1603-1606) y sobre el retablo que se compuso encima, las de Juan de San Clemente y Torquemada, Arzobispo de Santiago de Compostela que aportó 3000 ducados para que se pudieran finalizar las obras. Durante el episcopado de fray Diego de Mardones (1606-1624) se inauguró la nueva catedral, y se proyecta el retablo mayor así como otros elementos decorativos de la capilla mayor y coro nuevos, pero estos proyectos no se concluirán hasta el siglo XVIII.

La intervención episcopal reflejada en los blasones.

Obispos de Córdoba entre 1523 y 1607:

 Alonso Manrique de Lara
 Fray Juan Álvarez de Toledo
 Pedro Fernández Manrique
 Leopoldo de Austria
 Diego de Álaba y Esquivel
 Cristóbal de Rojas y Sandoval
 Fray Bernardo de Fresneda
 Fray Martín de Córdoba y Mendoza  Antonio de Pazos y Figueroa
 Francisco Pacheco de Córdoba
 Fernando de la Vega y Fonseca
 Jerónimo Manrique y Aguayo
 Pedro Portocarrero
 Francisco Reinoso y Baeza
 Tomás de Borja
 Pablo de Laguna
 Fray Diego de Mardones

No todos ellos participaron en la construcción de la Catedral, por ello resaltamos los nombres de quienes lo hicieron. Asimismo, debemos señalar la intervención del cordobés Juan de San Clemente y Torquemada (arzobispo de Santiago) en la financiación de las obras a pesar de no ser obispo de la ciudad.

Por último, señalar que en el crucero y en el coro aparecen otros escudos episcopales y nobiliarios de los cuales no nos hacemos eco por ser de épocas posteriores a la que nos ocupa; sin embargo, debemos decir que dichos emblemas corresponden a personajes varios que contribuyeron en la finalización de la nueva catedral, en aspectos que no tienen relación con la construcción del edificio, sino más bien con su decoración y adecuación como lugar de culto.

 

Conclusiones.

Todos los emblemas que hemos reflejado tienen en común el capelo y las borlas, (que, en caso de que aparecieran esmaltados y siguiendo la leyes heráldicas, deberían ir en sinople) elementos estos característicos de los escudos pertenecientes a los eclesiásticos con rango episcopal. En alguno de los emblemas expuestos aparece representada la cruz episcopal, otro elemento típico de la heráldica eclesiástica en el nivel de los obispos, pero no aparece en todos. El resto de elementos de los escudos varían, puesto que aparecen de acuerdo a la familia y/o a la orden religiosa a la que pertenecían.

Hemos anotado anteriormente que algunos de los escudos aparecen plasmados no sólo en el espacio que nos ha interesado, sino que también los encontramos en otros lugares de la Mezquita-Catedral, como puertas, la torre, etc. y en edificios de la ciudad (generalmente casas señoriales o palacetes de la época) puesto que también contribuyeron en la restauración-conservación o construcción de dichos lugares.

Si bien en el período de tiempo que estudiamos los escudos heráldicos eran un elemento de prestigio y se utilizaban con fines propagandísticos (al menos en el caso de las autoridades y altas dignidades eclesiásticas y civiles) consiguiendo que la población conociera la labor realizada e identificara al titular de un determinado escudo, con el paso del tiempo la heráldica ha ido perdiendo vigencia y fuerza, y actualmente muy pocas personas son capaces de identificar a quién perteneció un escudo o qué significa que un escudo determinado se encuentre en un lugar determinado. Por ello, los obispos y demás personajes que plasmaron sus emblemas en distintos lugares de la ciudad, incluida la Mezquita-Catedral, hoy no son recordados por la población, a excepción de una minoría. Sin embargo, hay que apuntar un hecho, y es que la Heráldica, poco a poco, está volviendo a estar en boga y cada vez hay más interesados en ella, aunque la situación que vive la heráldica hoy día dista mucho de la que gozaba años atrás.

BIBLIOGRAFÍA

  •  ARCO Y GARCÍA, F. del, (1996), Introducción a la Heráldica, Prensa y Ediciones Iberoamericanas, Madrid.
  • AA.VV. (2001), Guía visual de la Mezquita-Catedral de Córdoba, Diario Córdoba; Córdoba.
  • CADENAS Y VICENT, V. (1975), Fundamentos de Heráldica (Ciencia del blasón), Hidalguía, Madrid.
  • CADENAS Y VICENT, V. (1984), Vademécum heráldico. Aplicación de la ciencia del blasón, con especial referencia a la Heráldica Eclesiástica, Hidalguía, Madrid.
  •   GÓMEZ BRAVO, J., Catálogo de los obispos de Córdoba, 2 vol.
  • NIETO CUMPLIDO, M. (1998),La Catedral de Córdoba, Publicaciones de la Obra Social y Cultural Cajasur, Córdoba.
  •  NIETO CUMPLIDO, M. y LUCA DE TENA Y ALVEAR, C. (1992), La Mezquita de Córdoba: planos y dibujos, Córdoba.
  • ORTI BELMONTE, M. A. (1970), La Catedral-Antigua Mezquita y santuarios cordobeses, Publicaciones de la Obra Social y Cultural Cajasur, Córdoba.
  • RAMÍREZ DE ARELLANO, R. (1983), Inventario-catálogo histórico de Córdoba, Publicaciones de la Obra Social y Cultural Cajasur, Córdoba.
  • RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ, T. (2001), Paseos por Córdoba, 2 vol., Diario Córdoba, Córdoba.
  • SALCEDO HIERRO, M. (2000), La Mezquita-Catedral de Córdoba, Córdoba.
  • VILLAR MOVELLÁN, A. (2002), La Catedral de Córdoba, Ed. Cuadernos de Patrimonio Caja San Fernando, Córdoba.

Silvia Panadero

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